24 de marzo de 2009

Yo confieso

Vengo en misión profesa
de hacerle ver y ojalá entienda
que podrá ser el sollozo que brota del alma
y no se trata de conducta perversa
pero admito sí, me roba la calma
le envenenen la cabeza
cuando pretendo dar un consejo
y lo toman como un ultraje.

Viendo atrás lo que ya he vivido,
extraño el brillo de sus ojos
me acostumbré a lo festivo
queriendo verla disfrutar a su antojo.
Si ella admite mi intención confesa
prometo llenar su expectativa,
hacer que valga la pena
y dejar de ser esquivo.



Mario Francia

1 comentario:

Marcela dijo...

tortura existirá en esta vida a causa de la maldad de la señora envidia... solo las personas que realmente nos conocen saben cómo evitar que las flechas que llueven del cielo no se claven en nosotros...