9 de agosto de 2011

Intimidad




Desde siempre he sido sociable. Nunca me costó ni ahora me cuesta entablar conversaciones. Recuerdo que en mis tiempos universitarios hace uhhhhhhhhhhh en mil novecientos ayer, era de los más platicones y me llevaba relativamente bien con todo mundo. Siendo la abogacía una carrera basada, más que otras, en buenas relaciones interpersonales con los colegas, pues me sentía como pez en el agua.

Dentro de mi grupo más cercano de condiscípulos había una en particular que recuerdo con mucho cariño. La llamaré Karen. Viniendo de una familia de abogados y con una larga y muy arraigada tradición católica, se había propuesto sacar su carrera y maestría antes de pensar siquiera acerca de relaciones de noviazgo. Tenía un plan B, una vez coronados los estudios, si llegaba a cierta edad (la cual nunca me dijo) y no tenía el candidato con el cual formar una familia, se iba a convertir en supernumeraria de la Prelatura personal del Opus Dei. No en una monja, pero casi. Ahora es Juez de Primera Instancia en un poblado no tan lejano de la capital, está casada y tiene dos niños.

Con Karen tuve largas pláticas acerca de la vida, la familia y más. Nunca voy a olvidar un consejo que me dió en una ocasión que me vi inmerso en un problema por andar de bocón. Me dijo: "Mario, no importa cuanta confianza tengas, hay que aprender a conocer a fondo. Por mucho que creas que no te va traicionar alguien, puede llegar el momento en que utilicen las cosas que sepan en contra tuya. Siempre, SIEMPRE quedate con las cosas más íntimas para vos, no las compartas a menos que tengas años de conocer a esta persona". Algo de lo que hablé en el ya lejano 2006. Palabras de profeta. Al poco tiempo me asestaron la más dolorosa de las puñaladas traperas que pude imaginar. Me traicionó mi disque mejor amiga de ese entonces.

El daño está hecho pero, ¿Hasta dónde llega la preservación de la propia intimidad y empieza la paranoia?

7 comentarios:

Rebeca dijo...

Es cierto, pero si dejamos de confiar la existencia se convierte en algo muy triste.
Somos altamente vulnerables, imperfectos y con numerosos puntos débiles,un verdadero amigo jamás lo volvería en nuestra contra, así que miralo como que ganaste una verdad: descubriste un enemigo.

Mariocopinol dijo...

Confiar o no confiar, ¡ese es el dilema! :)

Verarchi dijo...

Un día me dijo mi madre... lo que no cabe en tu corazón no espere que quepa en el corazón de otro... ahora lo aplico!

Mariocopinol dijo...

@Verarchi Grande el consejo de tu madre!

Wendy Kitty dijo...

Ella tiene mucha razon... yo deje de contar mis intimidades incluso a mis mejores amigos porque uno nunca sabe, el secreto mas oscuro que vos creas tener, mejor guardarlo para uno mismo

Mariocopinol dijo...

A veces tenemos q darnos con la piedra entre los dientes para escarmentar, ni modo!

Saludos Wendy!

Zoniqe dijo...

Creo que la confianza se la gana cada persona, claro hay personas en las que no podemos confiar porque un dia te pueden fallar... Pero son humanos, vamos, digo, si vamos a ser desconfiados de todo mundo, que sera de nuestra vida si no un mar de inseguridades y no sabriamos entonces entregarnos a los demas...
Como dice mi abuela
Si no te tiras al agua, no aprenderas a nadar...
Buen dia!