21 de agosto de 2012

El relajo de la Corte

Como si se tratara de una telenovela al más puro estilo La usurpadora, se llevó a cabo la 18va ronda de negociaciones en Casa Presidencial (¿fueron más, fueron menos?) y al final dió frutos. Parieron una solución.

Me dieron ganas de hacer un post como esos libros que abundan "para dummies", algo estilo "Como entender el relajo de la Corte que tiene en vilo a los políticos de este país" , pero no lo hice por dos razones fundamentales: No quiero insultar el intelecto de la limitada audiencia que visita esta bitácora y no me creo poseedor de la verdad absoluta como para decir, fulano o sutano tienen razón.

Si voy a emitir mi criterio, voy a decir que en esto de la política, se tiene la mala costumbre de creer que por el simple hecho de llevar unos colores o una bandera, los participantes han jurado amor eterno con el partido de sus amores y odiar, detestar y defenestrar a más no poder al de otro instituto político y no hay nada más lejos de la realidad. Cuando se cambian la camiseta más allá de servir a otro patrón (léase otros intereses) no hay que buscarle cinco pies al gato. Total estamos en el país del absurdo y se puede ver de todo. La clase política salvadoreña expone sus diferencias partiendo de antagonismos reales, naturales o fingidos, pero solo de cara a la opinión pública, cuando tienen un micrófono o una cámara enfrente. Caso contrario hasta se citan para departir cual si se tratase de los amigos más íntimos. Da grima saber que las bases de los partidos hasta se matan entre ellos.

Pero, ¿habrá algo que me moleste más que alguien me quiera meter los dedos en la boca? -y quiero pensar que a cualquiera le da cólera- ver que en tiempos electoreros anden detrás de los cipotes recién nacidos y los carguen para salir en la foto. O los que haciendo alarde de ser "campechanos" (las comillas son para burlarme de ellos) buscan a alguien con una ocupación humilde -y que no por eso deja de ser digna- para imitarlos y dar la impresión que los candidatos también se ponen en los zapatos de ellos. ¡Por favor!

Seamos serios, ni a ellos les interesa mejorar las condiciones del conglomerado, ni buscan un proyecto sostenible para que el país no se vaya al carajo, ni que indio envuelto. De haber menos demagogia y más sinceridad, saldría el Presidente de la República desplegando toda la verborrea de la que hizo gala a lo largo de su carrera periodística y diría "Le hemos dado gusto a todos, se han repartido el pastel como ellos han querido" Pero claro, es mucho más fácil fingir amistarse en esas maratónicas sesiones de Casa Presidencial, echar a los leones a los que tuvieron los pantalones de dictar sentencias que tocaran puntos sensibles del poder económico de esta sociedad y hacer el pase del sufrido, más o menos igual de sufrido que cuando el presidente derramaba sus lágrimas allá por Morazán.

Como lo que les expuse anteriormente no sería políticamente correcto, tristemente debo dejar de soñar despierto.

2 comentarios:

Rebeca dijo...

No creo que sea un problema de El Salvador(lo pongo bien ¿no?) si no de la clase política en general, la misma opinión tengo de los que lideran los diferentes grupos aquí en España, se matan en las televisiones pero luego juraría que a solas son tan amiguetes y hasta se ríen de nosotros, y bueno lo de la foto para quedar bien, me parece un verdadero insulto, los políticos (al menos la mayoría) no buscan el bien ajeno si no aferrarse al poder.

Mariocopinol dijo...

Supongo que en todos lados se cuecen habas. Saludos (y si lo pusiste bien)