16 de marzo de 2011

A mi abuela

Quiero empezar esta entrada reconociendo que cuando hice este remedo mío de ejercicio literario, pensé en mi niñez para sacar esas reminiscencias que tanto atesora uno.

Mi familia es como cualquier otra, llena de defectos. Sin embargo, si me pongo a hacer memoria, no salen a relucir tales imperfecciones. En cualquiera de mis primeros recuerdos, siempre están mis abuelos maternos. Los paternos ya habían fallecido. Ya sea jugando futbol en la calle con los niños de su colonia y mis primos. Almorzando, viendo Chespirito y pasando la noche en su casa los sábados. Los domingos a la playa. Las fiestas de cumpleaños de mi abuela (con su enormeee paella). Las Navidades y fin de año. La vitrola sonando con esos discos de vinilo que giraban a 33 revoluciones por minuto. Esos discos con música de antes, de la de salón, música llena de sentimiento y de pasión.

Doña Olimpia podía cocinar tantas cosas! A ella debo agradecerle que no le haga mala cara a ningún tipo de comida! Prácticamente me convirtió en omnívoro. La costumbre mía de nunca desayunar quedaba sin efecto en su casa pues siempre había comida, era abundante y sustancioso. Shuco, chilate, atoles, nuegados, torrejas, frutas en conserva, dulces, ostras, conchas, verduras, todas, toditas, comidas que sin que ella me las hubiera "presentado" no pudiera decir que están incluidas en mi dieta.

Ella era menuda, compacta y fornida, no precisamente cariñosa (salvo cuando me decía que yo era su orejitas de conacaste). Siempre de carácter fuerte contrastaba con lo consentidor que era mi abuelo, mi Papa Víctor, regalándonos chocolates que traía de sus viajes. Yo detestaba acompañar a mi mamá a la costurera, pero mi abuela siempre tenía el figurín para que le hicieran los vestidos con esos patrones. Le encantaban las orquídeas y sus rosales de la entrada de la casa de la Santa Eugenia.

Recuerdo como hablaba de su hermano, mi tío Alvaro. Tal era su simpatía por él que le puso su nombre al primer hijo varón que ella tuvo. Lo describía como un buen hombre, serio y trabajador, militar de profesión vivió mucho tiempo fuera del país. Era alto y muy corpulento, sintió mucho su muerte por complicaciones de la Diabetes.

Ahora a sus 84 años, ya no es la misma, los años no pasan en vano. La artritis se la está llevando de a poco y una necrosis recién descubierta que más temprano que tarde la llevará a juntarse con las personas que ponen hamacas en las palmeras y le ofrecen cocos en las nubes . No se ha ido todavía, pero ya casi. Desde ya echo de menos a la mamá de mi mamá: Mama Pimpa.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Espero que todo salga de acuerdo a como Dios lo tenga planeado para ella y que la voluntad de él sea aceptada por los demás.

Esebloguero dijo...

Vivi algo parecido el año pasado. La verdad es que no hay palabras que logren dar paz al corazón. Así que desde acá muchas oraciones y a confiar en Dios.

Calila dijo...

Precioso
A guardar esos recuerdos y olores como el mas valioso de los tesoros, al final, son esas cosas las que mantienen viva en nosotros a esas personas, que inevitablemente tienen que partir .

osmilla dijo...

Un cálido saludo desde la Ciudad de Valera Estado Trujillo.Nos parece interesante el contenido de este sitio.No dudamos en recomendalo.

Un abrazo.

Mariocopinol dijo...

Gracias a todos por sus comentarios! A Dios gracias resistió la operación y está en recuperación.

Mopsus dijo...

Menos mal que resistio la operacion.. espero que se mejore.
Me gusto tu blog