18 de junio de 2009

El solitario



Érase una vez un individuo que pese a que no se consideraba a sí mismo un Adonis gozaba de cierta aceptación entre el gremio femenino. Su fuerte, estaba consciente él, no era el físico pese a ser de rostro muy masculino y aspecto varonil. Su voz grave y una personalidad magnética eran sus atractivos.

No obstante parecer alguien común y corriente, tenía un estigma que la gente nunca perdona, al menos no cuando se trata de personas prejuiciosas como esas que abundan en las sociedades tercermundistas: Había guardado prisión y servido una condena de cuatro años y medio; su crimen había sido querer algo bueno para su descendencia, eso era lo unico que se le lograba arrancar cuando se le preguntaba acerca de su delito.

Que mujer iba a querer vincularse afectivamente a alguien que había estado en las mismísimas fauces del infierno, privado de su libertad? Este hombre de complexión gruesa, cejas pobladas y carácter afable no quería llegar a la conclusión que ya que tenía marcados en su cuerpo 3 pintorescos recordatorios de su paso por la cárcel - elaborados con sumo detalle por un artista con quien compartió celda y que enterró el día que salió libre del penal- no sería posible encontrar alguien que valorara sus cualidades por encima del pesado lastre que arrastraba y que no estaba dispuesto a ocultar. Sostenía una débil tesis, sustentada en el absurdo argumento que su valía podía contrarrestar su pasado turbulento, pobre ingenuo!

Sufría lo indecible al considerar el inexorable paso del tiempo que no perdona y deja huella en todos y cada uno de los seres humanos sobre la faz de la tierra. Sus reflexiones giraban en torno a la soledad que día a día pasaba, ese movimiento pleno de repentización era una tortura, sus efectos colaterales, esa desesperación que le embargaba pues aunque estaba rodeado de gente se sentía como un náufrago en una isla desierta.

El amanecer lo hallaba siempre detrás del puente, frente al río y lo saludaba. También parece que así de tenues y serenos como empiezan los primeros rayos matinales, así era su esperanza de dormir, descansar y olvidarse un rato de su acongojada vida. La niebla, piadosa, permitía un atisbo de oscuridad previo al centelleante inicio del día, a tambor batiente.

Su niñez había sido dura. Criado en un hogar con una vida en apariencia confortable, en el que su padre padecía alcoholismo y su madre desordenes de ansiedad, se la había pasado en orfanatos y centros de tratamiento para niños afectados por Síndrome de Stress Post-traumático.

Más allá de esas cuestiones puntuales, se la pasaba sentado a la mesa de un comedor cercano a su casa, escuchando en un radio que le relataba bajito los partidos del domingo, la radio que hablaba de los famosos equipos de España. Se miraba al espejo y encontraba una figura borrosa, deslucida, exageradamente lejos de la que soñó de sí mismo, aún sin entender lo que es proyectarse a futuro, cinco, diez años... No era el momento de recordar el ahora inverosímil sueño de coronar una carrera. Precisaba calma por razones obvias. No vale de nada desesperar.

Quienes lo conocían aseguran que poco a poco se había ablandando su reticencia inicial. Antes, todo pintaba para que siguiera el desastre. Con esa sonrisa franca que conquistaba adeptos por unanimidad se habría hecho de amigos en un dos por tres... si tan solo hubiese superado la depresión...

Su consuelo era escribir, la mayoría eran disparates sin sentido:

Soñé que te extrañaba,
estabas asustada,
nadie escuchaba,
porque a nadie le importaba.

Después de soñar,
me desperté con miedo.
Ayudame a dejar en el pasado
las razones que me atormentan.

Acerca de lo que he dejado,
de lo que he hecho,
de lo que me preguntas,
por favor olvida el mal que he ocasionado.

Tu recuerdo me persigue.
Hay mil razones en tu mirada
para preparar el terreno
buscando la respuesta del por qué.

Por eso en su ciudad natal reclamaban que la cosa estaba dividida y solo una de ellas era válida. Los que creían que pese a todo éste era el camino y los que pensaban que se podía cambiar su "destino". Como? si nunca irradió una alegría, la tristeza cada vez era más arraigada en su rasgada vestidura.

Para evitar situaciones poco acordes con su reputación, para enfatizar su declaración de intenciones, decidió ponerle un alto a todo, de forma enérgica. Escaló el risco más alto de la ciudad con ese corazón roto desde quien sabe hace cuanto, harto de pegar los pedazos una y otra y otra vez. Justo cuando cualquiera hubiera creído que buscaba poner fin a su existencia surgió algo inesperado.

En la cima de la montaña vivía una joven, no pasaba de los veinte años. Era una ermitaña. Su contacto con el mundo se limitaba a ir a la ciudad por provisiones. En donde estaban se oían las sirenas de las fábricas. Ese ulular jamás se acallaría. El corazón del solitario no dejaría de bombear a full hasta un largo rato después y luego de un incómodo intercambio de impresiones así como un breve escarceo, no tardaron en amistarse, acaso porque compartían su visión del mundo. Así, con todo este bagaje a cuestas, se vió sumergido en una vorágine de eventos que lo llevó a abrirse ante una perfecta desconocida pero que le hacía sentir a gusto consigo mismo.

Fue increíble como hubo entendimiento casi de inmediato, pero eso no fue óbice para que al estar con ella divagara y se perdiera en su mirada. Ella no entendía. Acostumbrada a bregar por su cuenta, no buscaba compañía. Impávida, iba por el mundo en la más completa parsimonia, su existencia era mas bien mística. Su ritmo de vida era calmo, no sabía de mundanidad ni banalidades.

Ella nunca había tenido el chance de demostrar cuan apasionada era, los años de amores postergados habían hecho mella en su personalidad y a su vez aprendió la manera de descubrir la persona que tenía enfrente, alguien a quien no le aterraba la idea de realizar su sueño, la función primordial de perpetuar la especie.

Él se instaló con ella, con la vegetación y la vertiente de agua como únicos testigos de la alianza que acababan de sellar. Eventualmente dejaron la montaña. Nadie supo que fue de ellos, tiraron sus dados y el azar quiso que su paradero sea ahora desconocido.

10 comentarios:

Lauuuuuuu dijo...

Tu lo escribiste Marito??

Lo único que cambiaría yo, sería lo de:

"El corazón del solitario no dejaría de bombear A FULL..."

y lo de:

"Ella nunca había tenido EL CHANCE..."

Ahhh, qué exigente soy, verdad?? jaja.. por lo demás me pareció Excelente.

Besosss

Raquel dijo...

Me gustó mucho. Deberías hacerle una segunda parte, para saber qué pasa cuando el solitario y la ermitaña regresan a la ciudad. El poema está muy lindo, por cierto.

SaviloG dijo...

En lo alto de la montaña
Libre de ver lo que le plazca

Solo en su mundo encerrado
Oyendo lo que nace
Llorando quiza esta,
Intrigado por el mañana
Tantas cosas pasan por su mente
Agradece el estar vivo
Riendo de las cosas cotidianas
Imaginando que hara despues
Olvidando el ayer, y ahorita que voy hacer?

EL SUM dijo...

Buenísimo...

'tu recuerdo me persigue' cantos vivimos con eso tras haber estado presos en las consecuencias de nuestras propias decisiones?

Intrigante, queda la curiosidad de saber que pasó después...

Rebeca dijo...

Vaya, vaya, no quiero ni pensar a que se debe todo esto. Una historia preciosa, al final los dos ermitaños se encontraron, aunque me puede la curiosidad por saber dónde estarán.

[Alecita ♥] dijo...

Vaya... por un momento sentí que estabas hablando de vos mismo. Espero estés bien, feliz y contento.

SK Mario dijo...

Lau, si fui yo mi estimada! y si, sos exigente!

Raquel, gracias por las flores!

SaviloG,
G
R
A
C
I
A
S
!

EL SUM, eventualmente me nacerá una secuela!

Rebe, supongo q disfrutando uno del otro!

Alex, existe la posibilidad q algun detalle sea autobiografico.


A todos, gracias pr pasar!

Bluelesc dijo...

Muy interesante pero nos soltas la historia muy rapido del tema podes escribir unos 8 capitulos minimo , muy interesante sin duda pero hay muchas interrogantes q me gustaria q me contestaras en una historia larga y de detalles.
Tenes un estilo parecido a Coelho. Luv IT.

iba pasando dijo...

Aaaah me fascina la soledad (por decisión propia) y ser ermitaño.

En silencio se comtempla mejor el mundo. Y si contemplas la sociedad por mucho tiempo no te dan deseos de pertenecer a ella.

[Actualmente prefiero contemplarla desde esta cajita LCD]

Laura Ibáñez dijo...

Me encantó Mario... muchas veces, uno siente que no puede más, y encuentra esa luz que lo saca del abismo... excelente!!