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14 de marzo de 2017

La despedida



Las imágenes me vuelven a la memoria. Recuerdos borrosos que lentamente se aclaran. Intento comprender como llegamos a esto. ¿En qué momento todo se dio vuelta?

¿Para dónde se fue el tiempo? ¿y qué hay de los planes que teníamos para dos?

Encontré un manuscrito de hace 3 años. Pasa que muchas veces cada uno se retrata en lo que escribe. Hoy me da pena reconocerlo, pero pareciera que desde siempre he sido un cursi consumado.

"Si me dieran a elegir una vez más, te elegiría sin pensarlo. Es que no hay nada que pensar. No existe motivo ni razón para dudarlo, ni por un solo segundo, porque has sido lo mejor que tocó este corazón."

¡Qué escena tan conmovedora! ¡Soy un sinvergüenza!

Consentidor y perpetrador siguen la misma suerte. No tengo perdón.

15 de mayo de 2012

Elenilson



Ele para sus cheros, no había estudiado mucho. Sacó cuarto grado y se enlistó en el ejército, en el tiempo de la guerra. La verdad es que lo reclutaron a la fuerza pero el decía que se presentó voluntariamente. Nunca perdía el maje ese.

De bicho había sido bien vago. Cuando venía de licencia le gustaba ir a Los Chorros de la Calera. Ya en las pozas, se quedaba pasado el mediodía y si había gente empezaba a contar sus historias. Lo que le gustaba era que lo estuvieran oyendo. Decía que cuando oía en la tele el inicio de esa serie de Misión Vieknán, se acordaba como se bajaba él del elicóctero y hacían operativos. Contaba que lo más duro era cuando las minas jodían a los del batallón.

Este Ele, hijo de la Nía Lucy, la señora que todas las tardes ponía el comal en el ranchito de abajo del Madrecacao. Ahí vendía pastelitos, tamales, pupusas y atoles, de maíz tostado, de piñuela, de elote, de lo que hubiera! Como hijo único siempre le dio sustos a la nana. Hace poco le dio el más reciente. Ese si fue sin querer queriendo.

Pero es que solo de burro trabaja! Grandísimo pendejo, si ya había leído en el diario que ahí asaltaban y hasta a don Lencho le había hueviado la camionetona, en la que repartía los panes mataniño que vendía. Cuantas veces pasó por esa esquina sin saber que ahí sería donde, por quitarle el celular, le tocó ir a rendir cuentas antes de tiempo. Pobrecito el Ele, ahora va regar con San Pedro cada vez que llueva.

16 de abril de 2012

Se le acabó el tiempo


Había escuchado en alguna parte que el sufrimiento es opcional. ¿Por qué habría que pasar por situaciones extremas y llegar al punto de sufrir para replantearse la vida? Simplemente se cansó. Comprobó que ya no le daban los brazos. Estaba harto ya de esa absurda manía de cargar el mundo sobre sus hombros.

Cuando la vida es un martirio, el suicidio es un deber, rezaba otro adagio. Y así como los enfermos terminales, cuando se resignan a dejar este mundo, cuando verdaderamente el dolor es intolerable y ya no se soporta, así decidió lanzarse al vacío.

Le escucharon diciendo:

Hace una semana me sentía fuerte, pero he caído en la cuenta que no importa lo que haga, esta lucha está perdida. Admiro a quienes no le temen a la muerte. Yo debo confesar que me aterra. No porque haya sido una mala persona. Sino porque no sé que hay después de esta vida. La otra semana termino con esta angustia.

Y pasó esa semana y nada. Y el ayer pasó y tampoco pasó nada...

Pensó que iba a tener tiempo de despedirse de todo y de todos. Pero no fue así, se le escurrió el tiempo como agua entre las manos. Craso error. Así es cuando se cae en ese vicio. Enterrando la cabeza ante los problemas, como el avestruz. Nunca debió probar lo que sabía de antemano que no podría costearse por el resto de su vida.

Buscó regresar al mundo de tinieblas del que había salido, para ya no regresar jamás. Dicen que no lo logró, fue un cobarde que no tuvo el valor de hacerlo. Ahora deambula por las calles como un loco, hablando solo. En el pecado lleva la penitencia.

19 de agosto de 2011

¿Cómo se llama?



Esa con la que me abrazo pese a que no estoy a gusto. La que algunos dicen que es imaginaria, que no existe y solo vive en mi cabeza. Aquella a la que muchos atribuyen que hace daño y ni cuenta se da. La que no quieren y de la que me tratan de alejar pero yo me resisto a dejarla ir. La que a pesar de todo me permite revisar un poco mi pasado reciente y comprobar que es la culpable de todos mis fracasos.

Muchas veces me aislé del mundo convencido que lo que me estaba ocurriendo era su influencia directa. Le recriminé con gestos ampulosos. Le grité que su accionar estaba incidiendo en mi entorno. Pareciera que aticé su furia pues ella no tardó en devolver gentilezas. Accioné el mecanismo que usa cuando se ensaña conmigo y trae aparejadas esas nefastas repercusiones.

Destructora, generosa, amplia. Se me presentó en un proceder calcado a las veces anteriores. Era cuestión de tiempo para que sus devastadores efectos se cebaran con mis huestes.

Pero esta vez fue diferente. La encaré de un modo distinto. No traté de apresurar mucho el paso. Dispuse la cantidad justa de agresividad que cualquier manual pide para el intercambio de impresiones en un ambiente hostil. Le dije cuanto la detestaba y que la quería fuera de mi vida.

Le expresé de una manera explícita que no habrían más genuflexiones. Que su facultad de arruinar todo se había acabado. Había sido suficiente de esa historia de mezquindades que sólo despierta repudio. Tantas desventuras se pueden resumir en una especie de maldición y yo no estaba dispuesto a continuar así.

Un gélido y trepidante escalofrío inundó mi cuerpo cuando al fin me deshice de ella. ¿Cómo es que se llama? Ahh si! ya recordé su nombre, se llama mala suerte.

12 de agosto de 2011

Don Nicho y Manuelón



Don Dionisio era un importante hacendado ganadero. Como en la mayoría de los pueblos, la envidia era el pan de cada día. Decían que había sido de los más vivos al estar listo y ser de los primeros en apuntarse para la Cooperativa que se fundó a raíz de los Acuerdos de Paz que pusieron fin al conflicto armado. Manuelón había sido desde siempre su confidente, compañero y guardaespaldas.

Hay gente que no pasa desapercibida. Por la razón que sea. Por relajos o por serios. Las mujeres por agradables o bonitas. Manuelón era de los que no pasaban desapercibidos por grandote y malencarado.

Lorenzo era el hijo no reconocido de un primo lejano de Manuelón que se había ido para Australia huyendo de la guerra. Era huérfano de madre. Le decían el chichipince. Era malo y le gustaba ir a meterse seguido a robarse los pollos de los vecinos.

La vez pasada tardó apenas tres minutos en desabotonarle la blusa a la Lucía y tirársele encima. Ella cortando mameyes andaba. De no haber sido porque el profe Benito iba en la vereda que lo trae a uno del terreno de la Nía Tanchito no la hubiera contado! Alcanzó a oír los gritos de la Lucía y le mandó alto:

"Lorenzo, que estás haciendo! te vas a meter en un guevo!"

Soltó a la bicha y salió corriendo en dirección al barranco. El profe Benito ayudó a la cipota.

La Lucía bien trompuda le fue a dar queja a su madrina Tere, esposa de don Nicho. Manuelón recibió la orden de don Nicho de ir a traer de los pelos al chichipince. Él bien mandado se fue a buscarlo. Así en caliente. Manuelón no iba a amagar, no venía de arriar pichiches, el decía que venía de donde asustan!

Se metió en los arrabales y poco le importó no dormir tres días. Cuando al fin lo localizó se le aventó encima. Lo había hallado debajo de un gran palo de amate, guareciéndose de la lluvia. Le reclamó que quisiera joder a la ahijada de su patrón:

"Si querés chillar, chillá. Hacelo. Desahogate. Me vale verga que seas hijo de mi primo. Pero hoy mismo vas a ir a reencontrarte con la que te parió y se te adelantó en el camino!"

Manuelón le llevó todo taleguiado al malandro. Don Nicho le dijo que lo dejaba ir pero sentenciado. Le ofreció las balas. Si lo volvía ver por esos rumbo le volaba la tapa de los sesos.

"Te tiene que haber quedado experiencia. Por las buenas uno hace y deshace con las mujeres, por la fuerza ni mierda! Si no aprendes de esta entonces ya no vas a aprender nunca!"

Se me pone la piel de gallina de solo acordarme. Todos se me paran los pelos. Pero al día siguiente encontraron en los pasillos de la escuela del pueblo a Lorenzo, el chichipince, que había amanecido con las tripas de fuera.

4 de agosto de 2011

La puta



Estaba en la parada haciéndose la maje. Ahí la vi. Cuando yo salía del super y llegué a comprarle a la señora que vende pan francés, a la par de la farmacia. Era de día, andaba en camiseta, falda corta de jeans, tenis y mochila. Pasaba por colegiala. Pero era sábado a la tarde. Coquetea con los que van pasando, buscando un poco de atención de los transeúntes. No mucho para que no la descubran. Disimula, hace como que espera a alguien.

No ha de pasar de los 17. Tiene un cuerpo menudo y curvas poco pronunciadas. Estoy seguro que es menor de edad. Pero no es picardía juvenil la que destila. Se le nota que anda buscando dinero. La delata como voltea a ver las camionetas grandes y los carros de lujo. Como que ya supiera el tipo de conductor que le va parar y le dejará buena plata. ¿Será que quiere comprarse un Blackberry? ¿Será que le gusta ir a las discotecas caras del oeste de la ciudad? No se ve sucia o desaliñada como para que sea por droga que se vende. Pueda que yo esté especulando y no se trate más que de una menor vejada y explotada, a la que obligan a ir a buscar clientes y que si no gana dinero la golpean.

Tengo ganas de acercarme pero no para hacerme cliente de ella. Me intriga saber que la empujó a putiar. ¿La habrán prevenido de los mareros? Ese es uno de los peligros que encierra la calle y que la puede mandar a la morgue. Y no precisamente en una pieza. Quisiera hablarle y que no me vea como un degenerado. Me gustaría que se cuidara, regalarle condones. Ella todos los días flirtea con el HIV.

11 de abril de 2011

Yo solo iba pasando

Estimado lector: Si usted ha leído alguna vez a Roque Dalton entenderá lo siguiente. Caso contrario le parecerá estar leyendo chino, incluso si es salvadoreño(a). Si quiere descifrar puede leer "El idioma salvador" del antemencionado poeta. Este es otro exiguo homenaje, de esos que a veces suelo hacer.


Estuve en el tabo porque no estuve chato. Alariachi tuve un deschave con unos fraguas. Me tomaba unas serpentinas y escuchaba a un brujero tocar la mema, ¡lo hacía bien! tanto que hasta los chumelos hacía ladrar. Un tapirulero me miraba de reojo pero yo sabía que para destacharme la tenía que fondiar. Ese era un pase que yo ya me podía.

En una mesa cercana un topetero y su compadre acaban de sentarse. Los traía cortos la chota. Pidieron pañuza. No me pude guindear cuando los empezaron a boracear del aire. Los de azul se pusieron pracatanes. Suerte que no me había echado ningún pase. Ni con las cabezas de pollo pues!

Me toco sornear en el playante, pero por suerte logré salir!

16 de noviembre de 2010

EN MUCHAS PALABRAS: Tierra


Estoy de regreso, después de tantos inviernos,
y no sé si se fueron 20 años
o 15 días ó 45 minutos,
o no sé ni siquiera si me fui
porque la añoranza es la misma.
He vuelto...
para sentir esa emoción nuevamente
la que me mandó lejos
deseando llevar mis recuerdos conmigo
para no extrañarlos tan a menudo.

Me fui, dejando la taza de café humeante,
de ese lugar que compartíamos
escondido entre aquellos montes
cerca del vado del río
con la caída de agua a dos saltos de rana.
Extrañé el olor de las flores
escuchar el tronar del molino,
ver el maíz secarse
y sentir el viento de noviembre.

Regresé, sin darme cuenta que me iba,
de la tenue luz del candil,
de las historias de sustos,
de las orquídeas de la abuela,
de las paredes en que garabatee por primera vez.

De la pena que al verla yo sentía,
de ella, pícara y sonriente al pasar
gesto en el que no dejaba de pensar
pues me consolaba que algún día la tendría.

He vuelto para descansar
del largo viaje quiero reposar
ese del que mis pies están cansados de caminar
del que mis brazos están cansados de nadar
del que mis alas están cansadas de volar.

15 de noviembre de 2010

EN MUCHAS PALABRAS: Negrura



De un tiempo para acá se me ha dado por pensar en lo que ven las personas cuando estiran la pata. Dicen que se siente una gran paz y que nada te turba la tranquilidad, también he leído que hay una luz al final de un túnel pero yo creo que eso es para ver pasar la película de tu vida y pues tenés que estar en lo oscuro, así como en el cine. Así que por eso en el jueguito que propuso KR en La Siguiente accidentalidad yo escogí la Negrura.

A mí se me hace que todo sucede en ese tobogán que se supone que se despega el alma del cuerpo, mínimo que ahí es cuando se da esa visión de las escenas más significativas de tu existencia tanto las alegres como las tristes.

No me atormenta que hay después, mi incertidumbre/pálida/intriga es el mismo momento en que uno cuelga los tenis. Podrá uno seguir viendo la vida como la conocemos? Me quedaré donde me sepulten/tiren mis cenizas? Podré volar?

Mi sueño para después de ver la negrura no es ser enterrado en Norra begravningsplatsen. Tampoco es un caudal relicto exacerbadamente desmesurado (aunque no caería mal tener algo de eso siendo joven para disfrutarlo) para dejar pleitos entre la prole. Obvio que si me interesa estar en paz conmigo mismo y que mis descendientes me echen de menos. No creo que nadie aspire a frases como : "Puta! no hallaba la hora que se pelara ese maitro!" ; "Vale verga, al fin se murió ese %$&$%&#$("

Todavía hay muchas cosas que quiero hacer, entre otras cosas me da vueltas en la cabeza aquello de que no seguir la propia vocación es traicionarse y condenarse a la infelicidad. Eso. Necesito hacerlo, antes de mi búsqueda del camino de retorno... a mis orígenes. Ya lo dice la Sagrada Escritura: "...Polvo eres y en polvo te convertirás"

Para mi epitafio sería algo así como : "Eximio padre, hombre de extravagantes costumbres."

Esta no será una canción que quiera oír cuando esté a punto de entrar en la negrura pero si es para oírse en la oscuridad del dormitorio.... y pensar.





You just stood there screaming
Fearing no one was listening to you
They say the empty can rattles the most
The sound of your own voice must soothe you
Hearing only what you want to hear
And knowing only what you've heard
You, you're smothered in tragedy
And you're out to save the world

Misery
You insist that the weight of the world
Should be on your shoulders
Misery
There's much more to life than what you see
My friend of misery

You still stood there screaming
No one caring about these words you tell
My friend, before your voice is gone
One man's fun is another's hell
These times are sent to try men's souls
But something's wrong with all you see
You, you'll take it on all yourself
Remember, misery loves company

Misery
You insist that the weight of the world
Should be on your shoulders
Misery
There's much more to life than what you see
My friend of misery

You just stood there screaming
My friend of misery

2 de noviembre de 2010

La nostalgia

Solía quedarse ensimismado en sus pensamientos, por lo general en las tardes. Se sentía absolutamente abducido por sus recuerdos al ver el sol que ya había caído y que teñía de rojo los celajes, el viento lo llevaba de vuelta a aquellos noviembres de sus reminiscencias.

La realidad circundante lo había llevado por caminos que no esperaba encontrar, variopintos vericuetos que lo tenían en posición desventajosa pero de los que no se arrepentía. Al mismo tiempo, estaba harto de esa inconstante montaña rusa de sensaciones atípicas, algo habitual en él, la contradicción andando.

No había quien le quitara de la cabeza que debía volver por sus fueros lo antes posible, sin ostentaciones, pero con practicidad, el resto era condimento que ayudaba a la indigestión. La fatalidad, traicionera, se cruzó en su camino, y no se cansaba de repetirse:

No sé que pasó, si eras mi principio y mi final....

Hoy, la realidad es distante como nadie hubiese imaginado. Buscó imitar a los cultores de la paciencia oriental a ultranza, buscando revertir todo lo negativo que venía arrastrando para convertirlo en algo que valiera la pena. El trueque rindió sus frutos. Cayó en la cuenta que estaba errado, así, de improviso, como el peso irreversible de una guillotina. El eterno optimista dejaría de buscar explicaciones... y esbozó una sonrisa.

20 de septiembre de 2010

El final

La vista era impresionante. Desde el risco adyacente solían contemplarse pinos, abedules y copinoles. La fuerza de aquella vorágine infernal me dejó perplejo. Parecían oleadas ígneas avivadas por el viento seco que venía del Este queriendo tumbar ese remanso verde.

En esa inconmesurable arboleda con tonos refulgentes y nacarados se veía venir la desgracia en cada fogarada. El contraste entre el antes apacible bosque y la devastación que dejaban las abrasadoras llamas era grotesco. Ese olor a carne chamuscada se me impregnó y nunca más lo pude sacar de mi cabeza. Aquella interminable fila de teas asemejaba el Reino de Hades y hacía un ensordecedor retumbo.

El humo entraba en mis pulmones y yo empezaba a perder la conciencia, mientras veía pasar la película de mi vida ante mis ojos. Mis párpados se desplomaban y yo entraba en un trance... dispuesto a manumitir mi alma.

15 de marzo de 2010

Marzo caliente

Se despertó después de sentir como que se le chamuscaban las patas. Puesi, si dicen que son jodidas las picadas del tal zancudo de playa, de esos que les dicen jejenes, finiiiiitos y que no se asustan cuando uno los espanta.

Hacía gran vaporón, desesperaba, y eso que estaba de madrugada, ni así refrescaba pues. Se oía a lo lejos al chucho jiotoso del vecino que no dejaba de latir, por allá como a dos cuadras. Todavía no clariaba y ya la Tanchito había empezado a hornear los panes. Si es que eso de tener negocio la gente cree que es comida de hocicones, pero no! No es tan chiche!

Cuando llegó Chus le pusieron el pedido de siempre, 4 latas que hacían 10 dolaritos (aunque eso era con ganancia porque a él le daban crédito, así como estaba de jodida la situación, mejor pájaro en mano que cien volando!) Lo demás era para las tienditas de ahí cerca.

La costa salvadoreña ni por enterada del mentado samaquión del tal Cono Sur. El cielo estaba sarado, así como cuando dicen que va a temblar. De repente en las radios comunitarias empezaron a advertir el riesgo de que la marejada llegara y arrasara con al menos 2 leguas tierra adentro.

A las meras 12, a la hora del zope, se levantó una ola de seis metros y dijo a inundar lo que había desde el solar de Don Chico, allá por el palodi'ule, hasta la farmacia de Don Cande.

Hay gente que es previsora, hasta el Alcalde se fue para la loma! Pero siempre hay intransigentes. La niña Tancho bien choyuda! Le valió y ahí se quedó:

-Lo que me han mandado mis hijos, les ha costado a ellos y no me lo van a robar estos carajos!

Dicen que por allá por la bocana la fueron a hallar junto a los marranitos, abrazando la tele se quedó! Quizás al otro lado la va ver!

23 de octubre de 2009

Humilde homenaje a Chema Méndez

Como decía en esta entrada, soy un irreprimible fan del maestro, jurisconsulto, narrador y poeta salvadoreño José María Méndez. Parte de sus Cuentos del alfabeto se incluyeron en Las mormonas y otros cuentos y este es mi humilde homenaje a ese enorme señor de las letras.

Ajetreo arrepticio.

Algo atrajo atención a Alberto. Aturdido ante aparato, apreciaba a Angela, abrazando a antiguo amante. Adoptando ante aventura: Algidez, anginas, arrebatos, agobios. Achacóle amoríos anteriores a Angela. Agravios alejaron a ambos. Abrazos, alegrías, almuerzos, acabaron.

Adentro alma agonizaba. Aprensivo, arriesgóse, apersonándose al antes acogedor aposento. Alcanzó a accesarlo. Aconteció algo aciago.

Ahora Alberto aparecía al aparato, angustiado, abatido. Abyecto, acababan arrestarlo.

Acotó: Aún agitábase abanico. Absorto aprecié apartamento arreglado, admiré Angela adormitada. Asqueado, agarréla, arrojandola al abismo.

Alberto asesinó a Angela, arrancóle alma, ahora, areópago ajusticiará apropiadamente.

7 de agosto de 2009

Muerte digna


De adolescente apenas y lograba darse a entender en castellano, una particularidad que nunca frenó sus ansias de conocimiento. Toda su vida transcurrió en Europa, a excepción de un breve período de su infancia en el que, con su padre, que había levado anclas en aras de buscar un mejor destino en Francia, regresó a fin de arreglar unos papeles. Él no había perdido de vista la tierra que lo vió nacer y había adquirido un compromiso consigo mismo, volver a buscar sus raíces en un intento arqueológico por reconstruir vínculos con el pasado. Había hecho su primera exploración sobre su apellido vía Internet. Pero necesitaba más, tal vez como reparación a una ausencia familiar. Al cumplir 24 y perfeccionar el idioma, con lo poco que encontró, decidió cumplir su promesa y emprender el viaje.

Llegó al pequeño país del istmo centroamericano y luego de dos horas de carretera, recorrió un largo y polvoso camino de tierra, una vereda que atravesaba campos de sorgo, algodón y arroz y que cuece a cualquiera con sus 40° de temperatura. Tirados bajos los árboles, al costado de la calle que llevaba al pueblo encontró un par de mozos que le indicaron por donde debía seguir. No tenía manera de disimularlo. No había nada más que lo entusiasmara tanto como su vuelta, la esperaba y la deseaba.

Finalmente, llegó a San Luis, no tenía donde dormir, así que arregló rápido rentarle a una lugareña un cuarto a manera de hospedaje. Si bien no quería generar polémica con su arribo, estaba consciente que en los pueblos no hace falta mucho para levantar rumores y que pronto se sabría el motivo de su visita. Si hay poco tiempo, hay que agudizar el ingenio. Pero no debe pasarse porque hay gestos educados que se pagan. Escuchó que al día siguiente habría un funeral. El rumor era que el despiadado apoderado de la familia de ese lugar haría todo lo posible por dejar en la calle al único deudo conocido.

A la mañana siguiente llegó al casco de la hacienda de sus familiares. Siempre sonriente, se encontró con quien era el abogado que representaba a quien en vida hizo las veces de pater familiae, Nicolás, una persona que se caracterizaba por ser el baluarte del cerrilismo y la intransigencia, sin embargo por aquellas fechas y ¿broma del destino? su deceso había acontecido tan solo dos días antes a su arribo, en la tina de su baño luego de resbalar y provocarse un traumatismo craneoencefálico.

La película de Phillip, que nadie sabía si sería tan increíble como la de su padre, un latino en Europa que había tenido mediano éxito en su restaurante, ya tenía un comienzo atrapante.

Se presentó con Julio, el abogado, intentando generar pensamientos positivos más allá de las malas circunstancias que precedían su llegada. Se enteró que su abuela Ramona estaba en coma desde hacía 7 meses y que al momento de su defunción, Nicolás contemplaba la idea de desconectarla pues no veía mejoría en su salud.

- No tenía idea que Gina tuviera un hijo, dijo Julio.

- Ni yo imaginé venir a encontrar que mi abuela estuviera en coma o mi abuelo recién fallecido -respondió Phillip.

- Le dió un derrame hace 7 meses y desde entonces ha pasado en el hospital. Tu tío Alexander viene de San Juan para velar a tu abuelo y ver la cuestión de los bienes.-acotó de nuevo Julio.

- Pues mi madre cometió suicidio cuando era una adolescente y mi padre me llevó a vivir lejos de meses de nacido, es lo único que sé,- fue su respuesta, como muestra de lo poco que sabía de la difícil vida y prematura muerte de su progenitora.

A Phillip le parecieron dubitativos los alegatos de un apagado orador que dejó mucho que desear con una actitud fingida y una imagen mucho menos brillante que la fama que le precedía. Aunque se mantuvo todo el tiempo tranquilo.

El muchacho no perdía el andar pausado, pero su sonrisa serena, de a poco, se fue desdibujando. Mas no la fé en conocer al resto de la familia ante la imposibilidad de encontrarse con sus abuelos. Era triste lo suyo, tenía la esperanza de conocer a sus parientes pero se encontró con un paraje de muerte y desolación, solo le quedaba esperar a su tío. Y lloró, obvio, porque ni siquiera tuvo margen para imaginar como era la vida ahí.

Todo ese tiempo estuvo ansioso y le pareció eterno pese a ser solo un par de horas, pues de su tío sabía que desaprobó en su momento la relación fruto de la que nació y que tuvo más de algún altercado con su progenitor. Venía de San Juan donde tenía negocios pero vivía en La Piedad, ciudad capital.

Al llegar Alexander el ambiente estaba tenso. Reconoció aún sin que le dijeran nada el perfil de Gina y los ojos de Juan Carlos. De mala gana lo encaró y le dijo:

- Bueno y vos no tiene ni dos días de haberse muerto mi papá y ya venís a pedir dinero?

- No estaba al tanto de nada y por lo tanto no pretendo lucrarme de esto, yo vengo desde Francia donde vivía.

- No jodás, vos ahí en La Piedad vivías que Francia ni que indio envuelto. No te quiero ver en la vela, dejanos llorar a mi tata. Si querés vení la otra semana.- espetó a sabiendas que saldría del país por negocios el siguiente lunes.

- Mire tío dejeme ayudar, yo soy cocinero, quiero estar presente....

- DIJE QUE NO! Y no me digas tío, mejor habla bien, como que tenés una papa caliente en la boca se te oye.

Dió media vuelta y se introdujo a la casa con Julio. Los criados que habían presenciado todo se sintieron mal y ofrecieron su apoyo al muchacho simpático que no podía pronunciar bien la "erre". Conociendo al viejo Alexander lo más seguro sería que tomaría como cosaco y ni cuenta se daría que Phillip no solo atendería la vela sino que se quedaría en la hacienda.

Alexander tenía avanzadas las negociaciones para fusionar su negocio con un competidor en Childivia y como parte de los arreglos debía mudarse a ese país. La idea era viajar entre los dos países y supervisar la planta de San Juan, así que poco le importaban las propiedades de San Luis. Confiaría entonces todo a Julio para que finiquitara de la mejor manera las diligencias hereditarias. Consigo se llevaría a su mujer y sus dos hijas, unicas dos familiares que le quedaban en el país a Phillip, por lo que vería frustrada su intención de conocerlas. De todo se enteraría por Casilda, la ama de llaves que le dió un cuarto para descansar en la casa.

Transcurrió el velatorio sin incidentes y luego de las exequias, en las que estuvo todo el pueblo pero no las nietas de Nicolás, Alexander partió, dejando todo como era de esperarse en manos de Julio.

Phillip seguía en la residencia de los hacendados y ello representaba un problema para el malintencionado representante legal. Pues a falta de herederos se podría quedar administrandolo todo y dandose la gran vida y pese a que poco le podía importar que Ramona sufriera con el respirador, la necesitaba con vida, pues era su seguro.

Phillip ya había ido a conocer a Ramona y la visitaba todos los días, pero su cuerpo lleno de llagas por presión, ocasionadas por pasar acostada, le causaba mucho pesar, decía que eso no era vida, un vegetal respirando por ventilador y alimentado vía endovenosa.

Ideó entonces una manera para sacarla de su miseria. Sabedor de que el Curador de los bienes quería la plata para él le propuso que se la quedara con tal que le firmara la autorización para desconectar a Ramona, después de todo era dinero que se le estaba yendo al resumidero.

En ese plan de racionalizar la muerte y racionar gastos, el abogado corrupto aceptó sin pensarselo dos veces. Fue así como Phillip le pidió que le enviara los documentos a firmar con Casilda, a efecto de cederle lo que le correspondía a fin de comprar su silencio y no le importó quedarse sin un quinto, con tal de dejar ir a su pobre abuela.

Lo que Julio no consideró ni tan siquiera a la hora de decidir la muerte piadosa fue que el francesito ya había acudido a las autoridades a denunciar que el abogado quería dejarlo sin nada, que le había falsificado la firma y dado que era Julio quien autorizaba el documento hospitalario de desconexión de Ramona,, no la de Phillip, lo acusó de matar a su abuela.

Actualmente, Phillip maneja la hacienda Santa Gertrudis como único sucesor que aceptó herencia y luego de comprobarle falsificación (pues la firma no era de Phillip sino de alguien más) malos manejos y asesinato en primer grado, Julio sirve una condena de 25 años en un penal de máxima seguridad.

10 de julio de 2009

Amor ingrato

Claudio era piloto comercial y tenía ya dos horas dentro de una institución bancaria. Tres menores, con la desfachatez de su inocencia, se le acercaron al hombre que con rostro serio, haciendo fila, hacía caso omiso a sus monerías. Estaba más bien irritado. Disgusto iniciado en un silencio sospechoso. Dejó el banco y se dirigió a buscar un café.

Trató de pasar desapercibido, en una mesa de la esquina y lejos del aparador del restaurante-bar, justo a dos cuadras del ultimo hotel donde compartió cuarto con su pareja, ese hotel le traía malos recuerdos. Por estos días de reloj biológico alterado, se transformaba en un auténtico volcán irascible. El dicho popular dice "No todo lo que brilla es oro" No hubo nadie como él que se hiciera tanto daño con esa autoflagelación en forma de decisiones equivocadas, errores de principiante o esas señales visibles de que lo que se creía evidente no lo es.

Tuvo una corazonada exigua, efímera, inasequible, acerca de como había caído en ese estado de estupefacción por una mujer. Mostró su carácter y sacó a relucir la prestancia, trató de recomponerse. Repasó mentalmente todos y cada uno de los momentos que compartió con Alicia, la bella sobrecargo de la que se había enamorado y con la que ya no seguían juntos. Era ahí en Buenos Aires donde se habían dicho adiós después de un idilio de cinco meses pero que había caído en la monotonía.

Ella le había dado un reloj de regalo, fue por su cumpleaños y lo rompió como quien destruye las cartas de un amor agridulce que se fue. Estaba sacando el veneno, ese que le corroía las entrañas y ese combo de sensaciones le dio tranquilidad, al menos temporalmente.

Sin embargo, detrás del affaire al cuore, se escondía otro detalle: Siendo de generaciones distintas, tuvieron algunos cortocircuitos. Había algo concreto: más allá de cuál es el porqué, los continuos viajes no colaboraban, las rutas que cubrían eran distintas y la duda pasaba por ver si podrían seguir manteniendo la regularidad y no caer en los titubeos y vaivenes típicos de la relaciones mantenidas a distancia.

Por otro lado, ella también caminaba por las vías de la vacilación, con brillo en las pupilas y melancolía en el corazón. En una de sus ultimas discusiones en la compañía los jefes supieron que algo andaba mal. Luego de vociferar y tener un intenso intercambio de impresiones se dijeron lo que se tenían que decir y cuando él se paró, de espaldas a su locker, ella sólo atinó a sonreír. Era consciente de que el mejor antídoto para silenciar tantas dudas era poner los puntos de movida.

Había nostalgia, olor a despedida y lo mejor era poner tierra de por medio, lo cual materializó al día siguiente aceptando una vieja oferta de trabajo con otra aerolínea, que llevaría su destino hacia el Viejo Continente.

Ella se lo comunicó casi de inmediato. De ahí las lágrimas del moreno piloto apenas supo de la noticia. Por otro golpe más en su vida y por las particulares circunstancias que se daban en esta ocasión. Esta vez no era sufrir una infidelidad el hecho que le privaba de continuar con ella.

Claudio se dijo a sí mismo:

-"Ella estaba bastante mal. Sobre todo porque permanentemente le vienen pasando situaciones desagradables, pero voy a superar esta prueba también"

Si bien el motivo económico tambien movía a Alicia a irse lejos, estaba harta de darle excusas a Claudio. Era imposible que no pudiera llegar al climax, no creía que su psicólogo no hallara las causas a su frigidez.

Pasaron dos años y cuando regresaba a su país siempre sentía un dejo de nostalgia, llevó a cabo una serie de actos para evitar pensar tanto en ella: Un viaje a la montaña para reencontrarse con la calma perdida; un tiempo para meditar y recuperar la rutina de ir a cenar a ese restaurante francés de moda para refugiarse en el calor de sus amigos; una reunión respetuosa con la gerencia de una aerolínea multinacional interesada en llevarselo a Oriente Medio; alguna que otra loca idea de pescar centollas en el Mar de Behring... Pasó mucho. Lo único que no pasó fue su amor por ella...

Su historia desdibuja contradicciones. Podrá ser que se repite el ciclo. Podrá ser que es la mejoría que anticipa la muerte, ojalá no se ilusione. Aunque haya muchos rezos la historia no podrá ser cambiada y el final será inevitable: No la tendría de nuevo con él y ella seguía sola en Europa, sola en su burbuja, aislada del mundo.

Quien dijo que la vida era justa? Los hombres tambien tienen sentimientos y pueden vivir sin sexo!

25 de junio de 2009

La bailarina



El andar, cansino a primera vista, engaña, miente. No hay alto voltaje en su andar, no necesita ser la estrella fulgurante de las tablas. Su esmirriada figura y su discreta personalidad dista mucho de lo que los medios buscan en un artista que da de que hablar por su estilo de vida.

Probó con danza, probó escultura, estaba claro que lo suyo eran las Bellas Artes, se deleitaba demasiado si se iba a escuchar la Sinfónica, eterna enamorada de los grandes maestros del clasicismo vienés, Mozart, Haydn, Beethoven y sin despegar su atención de ejecuciones de los austríacos y alemanes del romanticismo como Schubert, Schumann y Brahms. Agradecía a la providencia el aporte de Monteverdi, la faena continuada por Schütz y más tarde por Bach, era amante de la música del polaco Chopin y en su gusto incluso cabían el pianista húngaro Liszt y el ruso Stravinski.

En su antología de recuerdos habrá elegido "Soliloquio" y "Luz negra", como capítulos a destacar, pero sólo dos meses pasaron y la artista ya tiene otras dos esculturas más para elegir: "La oca" y "Salamandra" dos obras que no abolirían las anteriores aunque sí las relegan, las condenan acaso a ser dos más, dos más de un recorrido impresionante para una artista tan joven.

Ferviente impulsora de la poesía y la narrativa, ejercía de maestra de ceremonias en los improvisados recitales que se llevaban a cabo. La incipiente necesidad de sus conciudadanos por la cultura había hecho de ella una celebridad infaltable en ese tipo de eventos. Todo, por momentos, lo hacía ella.

En una ocasión se hizo cargo de montar un homenaje a poetas ya fallecidos, envió invitaciones a los familiares y amigos de los galardonados, tomó poco más de tres semanas y el día señalado tenía una gran multitud en el anfiteatro, todo salió mal, faltaron los ponentes, falló el sonido pero no perdería la esperanza que las cosas en el futuro tuvieran mejores resultados. Con eso le alcanzó: le sobraba, la mujer incansable no se daría por vencida. Quizá se amparaba en un silencio recomendado. Así, el rumor de la cultura se instalaría y mejor aún, se podía expander.

Era evidente que su preferencia sería la docencia, compartir su pasión por el arte, con niños y jóvenes, ávidos de llenar sus frescas mentes. Entonces la ecuación parecía escrita para pasar dando clases durante toda la temporada en la compañía de danza.

Eran pocos los participantes pero se tenía fé. Giró una convocatoria que produjo el efecto esperado, con un lavado de cara, a fin de año la puesta en escena de "El cascanueces" y "El Lago de los Cisnes" juntos, ya no corría riesgo y la cosa parecía alcanzar. Nada de apuros, todo con pie de plomo.

Se llegó el día y hoy si salió todo según lo planeado. Todo por ella, por haber puesto valor, el fin que justifica los medios y los miedos. Por plantearse desafíos, y afrontarlos, desestimando la presión de ser principiante. Por no bajar los brazos ni rendirse ante nada ni nadie. Por no buscar excusas cuando las cosas no salen como uno quiere.

Terminó la doble presentación, una lágrima dibujó un surco en su cara. Miró a los costados y lo mismo le sucedía al montón de testigos mudos de aquel desenlace. Ellos también lloraban. Y se quedó más tranquila pues cayó en la cuenta de que son humanos, que son como ella. Todo salió como esperaba.

18 de junio de 2009

El solitario



Érase una vez un individuo que pese a que no se consideraba a sí mismo un Adonis gozaba de cierta aceptación entre el gremio femenino. Su fuerte, estaba consciente él, no era el físico pese a ser de rostro muy masculino y aspecto varonil. Su voz grave y una personalidad magnética eran sus atractivos.

No obstante parecer alguien común y corriente, tenía un estigma que la gente nunca perdona, al menos no cuando se trata de personas prejuiciosas como esas que abundan en las sociedades tercermundistas: Había guardado prisión y servido una condena de cuatro años y medio; su crimen había sido querer algo bueno para su descendencia, eso era lo unico que se le lograba arrancar cuando se le preguntaba acerca de su delito.

Que mujer iba a querer vincularse afectivamente a alguien que había estado en las mismísimas fauces del infierno, privado de su libertad? Este hombre de complexión gruesa, cejas pobladas y carácter afable no quería llegar a la conclusión que ya que tenía marcados en su cuerpo 3 pintorescos recordatorios de su paso por la cárcel - elaborados con sumo detalle por un artista con quien compartió celda y que enterró el día que salió libre del penal- no sería posible encontrar alguien que valorara sus cualidades por encima del pesado lastre que arrastraba y que no estaba dispuesto a ocultar. Sostenía una débil tesis, sustentada en el absurdo argumento que su valía podía contrarrestar su pasado turbulento, pobre ingenuo!

Sufría lo indecible al considerar el inexorable paso del tiempo que no perdona y deja huella en todos y cada uno de los seres humanos sobre la faz de la tierra. Sus reflexiones giraban en torno a la soledad que día a día pasaba, ese movimiento pleno de repentización era una tortura, sus efectos colaterales, esa desesperación que le embargaba pues aunque estaba rodeado de gente se sentía como un náufrago en una isla desierta.

El amanecer lo hallaba siempre detrás del puente, frente al río y lo saludaba. También parece que así de tenues y serenos como empiezan los primeros rayos matinales, así era su esperanza de dormir, descansar y olvidarse un rato de su acongojada vida. La niebla, piadosa, permitía un atisbo de oscuridad previo al centelleante inicio del día, a tambor batiente.

Su niñez había sido dura. Criado en un hogar con una vida en apariencia confortable, en el que su padre padecía alcoholismo y su madre desordenes de ansiedad, se la había pasado en orfanatos y centros de tratamiento para niños afectados por Síndrome de Stress Post-traumático.

Más allá de esas cuestiones puntuales, se la pasaba sentado a la mesa de un comedor cercano a su casa, escuchando en un radio que le relataba bajito los partidos del domingo, la radio que hablaba de los famosos equipos de España. Se miraba al espejo y encontraba una figura borrosa, deslucida, exageradamente lejos de la que soñó de sí mismo, aún sin entender lo que es proyectarse a futuro, cinco, diez años... No era el momento de recordar el ahora inverosímil sueño de coronar una carrera. Precisaba calma por razones obvias. No vale de nada desesperar.

Quienes lo conocían aseguran que poco a poco se había ablandando su reticencia inicial. Antes, todo pintaba para que siguiera el desastre. Con esa sonrisa franca que conquistaba adeptos por unanimidad se habría hecho de amigos en un dos por tres... si tan solo hubiese superado la depresión...

Su consuelo era escribir, la mayoría eran disparates sin sentido:

Soñé que te extrañaba,
estabas asustada,
nadie escuchaba,
porque a nadie le importaba.

Después de soñar,
me desperté con miedo.
Ayudame a dejar en el pasado
las razones que me atormentan.

Acerca de lo que he dejado,
de lo que he hecho,
de lo que me preguntas,
por favor olvida el mal que he ocasionado.

Tu recuerdo me persigue.
Hay mil razones en tu mirada
para preparar el terreno
buscando la respuesta del por qué.

Por eso en su ciudad natal reclamaban que la cosa estaba dividida y solo una de ellas era válida. Los que creían que pese a todo éste era el camino y los que pensaban que se podía cambiar su "destino". Como? si nunca irradió una alegría, la tristeza cada vez era más arraigada en su rasgada vestidura.

Para evitar situaciones poco acordes con su reputación, para enfatizar su declaración de intenciones, decidió ponerle un alto a todo, de forma enérgica. Escaló el risco más alto de la ciudad con ese corazón roto desde quien sabe hace cuanto, harto de pegar los pedazos una y otra y otra vez. Justo cuando cualquiera hubiera creído que buscaba poner fin a su existencia surgió algo inesperado.

En la cima de la montaña vivía una joven, no pasaba de los veinte años. Era una ermitaña. Su contacto con el mundo se limitaba a ir a la ciudad por provisiones. En donde estaban se oían las sirenas de las fábricas. Ese ulular jamás se acallaría. El corazón del solitario no dejaría de bombear a full hasta un largo rato después y luego de un incómodo intercambio de impresiones así como un breve escarceo, no tardaron en amistarse, acaso porque compartían su visión del mundo. Así, con todo este bagaje a cuestas, se vió sumergido en una vorágine de eventos que lo llevó a abrirse ante una perfecta desconocida pero que le hacía sentir a gusto consigo mismo.

Fue increíble como hubo entendimiento casi de inmediato, pero eso no fue óbice para que al estar con ella divagara y se perdiera en su mirada. Ella no entendía. Acostumbrada a bregar por su cuenta, no buscaba compañía. Impávida, iba por el mundo en la más completa parsimonia, su existencia era mas bien mística. Su ritmo de vida era calmo, no sabía de mundanidad ni banalidades.

Ella nunca había tenido el chance de demostrar cuan apasionada era, los años de amores postergados habían hecho mella en su personalidad y a su vez aprendió la manera de descubrir la persona que tenía enfrente, alguien a quien no le aterraba la idea de realizar su sueño, la función primordial de perpetuar la especie.

Él se instaló con ella, con la vegetación y la vertiente de agua como únicos testigos de la alianza que acababan de sellar. Eventualmente dejaron la montaña. Nadie supo que fue de ellos, tiraron sus dados y el azar quiso que su paradero sea ahora desconocido.

22 de mayo de 2009

El cementerio de sueños


Una visita más a ese lugar en el que quedaron enterradas tantas ilusiones. Fue aquí donde quedó esa indescriptible sensación de complacencia y supremacía mezclada por el cerebro y calentada por los placeres radiantes, movidos por una bizarra pero exquisita irracionalidad?

En mi cabeza hay lugar para todo, el ahora y el más tarde, lo propio y lo ajeno, la vida y lo que hay después. No sé si estamos en mayo, en agosto o en diciembre. Me despierto con esa extraña sensación de vacío, ese miedo inverosímil que no tengo nada más que hacer ahí, busco engañarme a mí mismo y trato de reprimir esas incontrolables ganas de salir corriendo, huyendo de quien sabe qué. Probablemente de las ideas obscenas que se nutren de la desolación y la muerte.

Los seres son quienes mueren a solas, perseguidos por fantasmas que harán escapar un día estas palabras mías del majestuoso funeral que les he preparado.

Mario Francia

25 de febrero de 2009

El viaje inesperado


Laboraba para una firma que vendía hardware y era el mejor en su ramo. La filial del vecino país de Childivia le había girado invitación para que visitara el balneario de Costa Dorada como un estímulo para que mantuviera sus cifras como mejor vendedor de la región. Tomó sus alimentos junto a otros vendedores locales, cerca de las 12, Martínez había vuelto solo al hotel donde se alojaba el resto de extranjeros.

Al cruzar la muy transitada avenida Venancio Lira que está frente al hotel, fue embestido por un bus, Gerardo iba hablando por teléfono y por eso no vió al vehículo, lo llevaron al hospital más cercano.

Mientras era atendido en la sala de emergencias del hospital, el médico de guardia observó que Gerardo comenzaba a desvariar en su relato y requirió de inmediato estudios neurológicos. No hubo tiempo: Martínez sufrió un paro cardíaco, debido a la fuerte presión que ocasionaban sobre sus pulmones las lesiones intercostales. Durante 40 minutos diez médicos y asistentes procuraron reanimarlo. Había que intervenirlo quirúrgicamente o moriría.

Lo que todos ignoraban en ese momento es que Gerardo Martínez era Testigo de Jehová y esta iglesia prohíbe a sus fieles las transfusiones de sangre e incluso de los "componentes primarios" de la sangre, lo que significa glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma. Mientras hurgaban sus efectos personales hallaron una tarjeta en la que se identificaba como fiel de esa secta. El era soltero y no tenía hijos. Sin la firma de un familiar directo, no se podía tomar ninguna decisión.

Optaron por lo más práctico, lo operaron con éxito y lo llevaron a la sala de recuperación. Estando ahí se puso como loco cuando vió que no respetaron su rechazo por utilizar esas técnicas para mantenerlo con vida. Se veía venir una demanda, pero es que acaso era mejor dejarlo morir?

Se armó un gran revuelo y mientras convalecía Martínez se filtró la noticia a los medios.

Una activista pro vida que estuvo en una manifestación en las afueras del hospital fue captada por las cámaras de televisión y daba declaraciones:

- Los TJ's son recontra conocidos por no dar datos exactos, como que te dejan en el aire para que tú interpretes como quieras y no asumir ninguna responsabilidad sobre sus prácticas y enseñanzas...

Otro que fue entrevistado se pronunciaba:

- Digo yo, ¿hay que pensar demasiado en la interpretación que le dió el teólogo de esta secta en 1945, para evitar morir por una tontería como esta?.

Dios mío, si un familiar mío se estuviera muriendo y hay que hacerle transfusión de sangre, hay que hacersela!!! si no la cosa se pone fea, si todos somos creados por Dios, de la misma sangre, no se por qué pero perdonenme la palabra, tantas estupideces que se inventan los TJ.

Pasó el revuelo que había causado y lo mandaron de regreso para su país.

Gerardo no se murió pero fue expulsado de su iglesia, no pidió clemencia, había disfrutado su merecido premio hasta que le pasó lo que le pasó, consiguió novia luego de que se hizo famoso, llegando a formar una familia y todo después del que fue su primer viaje al exterior.

Gerardo no se murió pero el minuto de silencio en el convivio hubiera sido en su memoria.

17 de noviembre de 2008

La ticuisa

La vieja Teresa era tacaña como ella sola. Decían que no caminaba por no gastar la suela de los zapatos y que no iba al baño todos los días por no gastar el papel higiénico, si por ella fuera sólo con olotes se hubiera limpiado.

Nunca se casó, es que era amarga como ella sola. La mamá, la Nía Crucita siempre le decía:

-Hija, no seas tan enojada, te vas a quedar a vestir santos.

Dicho y hecho, ya habían pasado hasta 20 años desde que el Señor se llevó a dormir en su paz a la Nía Crucita y la vieja zamarra de la Teresa nunca conseguió marido.

Tenía un su sobrino que se había ido a estudiar para contador a la capital. El Tony no era maje, se había enrrollado con la tía para que el día que faltara le dejara, aparte de la casita en la que vivía, la casa que alquilaba en la esquina, que daba al dintel de la alcaldía y un su solar que tenía en la playa Las Mueludas.

Este cipote era hijo de su hermano, Evaristo, que había muerto en la guerra y cuando estaba chiquito se había hecho cargo de cuidarlo cuando la mamá llevaba a otros pueblos la venta de hamacas que tenía. Le daba riata cuando se portaba mal, más que todo eran travesuras inocentes: Peleas con otros bichos del barrio, subirse a los palos del vecino a cortar naranjas, quererle ver los calzones a las niñas de la colonia, etc. Una vez lo avanzó dandole de comer queso a los ratones que salían en el gran caserón que vivían. Le metió una taleguiada que no se pudo sentar en una semana, iba a la escuela con un almohadón porque la hinchazón en las sentaderas lo incomodaba, pero aún así la quería. Eso y el interés, como es que va el dicho? El amor y interés fueron al campo un día, pudo más el interés que el amor que le tenía. Sabía que tenía billete, por eso la aguantaba.

Una vez se pelió con la Nía Vero, su vecina de años y hasta la policía tuvieron que llamar porque esa señora era brava! Hasta el cuchillo dicen que fue a traer a la cocina y todo por el palo de almendras! no le gustaba que botara muchas hojas y no se las barrieran.

Cuando el tal Tony regresó de la capital encontró a la vieja Teresa ya bien enferma, el Doctor Prudencio no le daba ya mucho, decía que con suerte duraba un mes más y cabal. Al mes la estaban enterrando en el campo santo del pueblo, a la par de la Nía Crucita. El hígado le falló de tanto que se enojaba. Al final el Tony se la sopló, tuvo suerte pues, se hizo pistudo, a él le quedó todo.